Mosaico de saberes indígenas iberoamericanos
Argentina
En el noreste del país, el proyecto «Los pies en la tierra: la huerta y la cocina mby`a en la escuela» lleva las prácticas agrícolas y alimentarias del pueblo mby’a guaraní directamente a las escuelas primarias rurales de Misiones para garantizar una nutrición con pertinencia cultural. En el Chaco paranaense, la propuesta «Chaco conVIDA sabores del monte y la chacra» y el proyecto «Sabores campesinos» fortalecen el uso de técnicas de recolección silvestre y el consumo sostenible. Asimismo, la Nación Kolla asume el liderazgo en la urbanidad con el proyecto «Cocina con identidad: ‘Un encuentro de saberes y sabores'» (Córdoba-Jujuy), donde mujeres de Fuerza Warmi y El Malón Vive elaboran recetas andinas a base de quinua, mote y hoja de coca utilizando ollas de barro cocido elaboradas por artesanos jujeños. La memoria de las lenguas originarias se honra con el proyecto «Raíces profundas, sabores nuevos» en Catamarca, rescatando la técnica prehispánica del charqui en una zona habitada históricamente por hablantes de Cacán y Quichua, mientras que en Salta se revalorizan los métodos culinarios interculturales de la «Comunidad La Aguada» de origen diaguita.
Chile
El pueblo mapuche en el sur de Chile ha impulsado una sólida agenda de resistencia alimentaria. El proyecto «Revalorizar y dar continuidad a saberes ancestrales culinarios del pueblo mapuche y la cultura campesina» documenta el uso de plantas tradicionales, recopila entrevistas bilingües con hierbateras y promueve talleres en rucas comunitarias de Vilcún, Tirúa y Toltén. De forma complementaria, la iniciativa «Resistencia Alimentaria Mapuche» sistematiza el uso de la alimentación de cada estación (como los digueñes en primavera o los piñones en otoño) como medicina integradora que combate directamente enfermedades modernas como la obesidad y la diabetes. En la costa, el proyecto «Nalca. Alimento ancestral» rescata las tradiciones culinarias del pueblo mapuche lafkenche del Lof Mateo Nahuelpan. Al norte del país, en pleno desierto de Atacama, la «Comunidad Atacameña de Peine» desarrolla talleres intergeneracionales para transferir a los jóvenes las técnicas agrícolas tradicionales de conservación del maíz y frutos desérticos locales.
Colombia
En el Amazonas, el grupo «Saberes y Sabores Ticuna» de San Martín de Amacayacu recupera ingredientes en riesgo de extinción, transmitiendo recetas ancestrales de madre a hija —como el Noé Tarü (casabe) y el Boo Baãn (mazamorra de mojojoy)— mediante el diseño de cartillas ilustradas destinadas a las familias de su resguardo. En Putumayo, el pueblo Camëntŝa Biyá con el proyecto «“Jajan saná Enÿenëng” – Cuidadores de la chagra y sus alimentos» protege la siembra de la calabaza, el frijol tranca y la cuna para preparar la colada tradicional Quëlbaseŝ meŝquenan, transformando el fogón (shinyac) en un aula de resistencia comunitaria y revitalización lingüística. En la misma región, el pueblo Inga, a través del colectivo de mujeres Kusikui y su proyecto «Mikui ingama warmi (La alimentación de la mujer Inga)», combate la penetración de semillas transgénicas construyendo cocinas circulares tradicionales de 7 metros de diámetro para educar a las jóvenes en el uso de raíces alimenticias como la wasimba y el sigsi. Por su parte, la «Escuela de cocina tradicional Sabores y Saberes El Claret» (Caldas) convoca a niños Embera Chamí en el resguardo Escopetera y Pirza para descolonizar sus dietas, promoviendo el pelado de maíz con ceniza y rechazando los condimentos industriales. La transmisión intergeneracional infantil de ingredientes andinos se consolida de igual forma en Putumayo gracias al proyecto «Guaguas, ¡manos a la tulpa!» de la comunidad indígena Quillasinga de la Montaña.
Ecuador
En la provincia de Pastaza, la nacionalidad indígena Shiwiar, mediante el proyecto «Napurak: salvaguardando la biodiversidad genética de los cultivos ancestrales», combate la pérdida de su soberanía alimentaria registrando la diversidad de sus chacras y promoviendo el uso de cantos sagrados anen y mitos agrícolas como guías para respetar a la naturaleza. En la misma selva amazónica, la iniciativa «Mujeres Shuar de Pastaza» revaloriza los biohuertos ancestrales para asegurar la nutrición comunitaria. En el callejón interandino, el movimiento Kinti Wasi implementa el proyecto «Yuyayta Tarpushpa: Suscalmanta Chivilta (Sembrando sabiduría: El Chivil de Suscal)» para salvaguardar el chivil (masa de maíz zhima cocida con ceniza y rellena de quesillo) envuelto en hojas de wikundu (bromelia nativa), reforestando activamente los páramos de Cañar para evitar el éxodo migratorio de la juventud. La gastronomía andina se defiende de igual forma a través del centro de saberes «Kurikancha» y el proyecto «Kucabi tradicional y nutritivo» de la provincia de Imbabura, uniendo a mujeres Kichwa-hablantes de Yambiro, Larkacunga y La Banda para erradicar la desnutrición infantil mediante mingas agrícolas y la preparación comunitaria de cebada y habas.
Guatemala
En Cobán (Alta Verapaz), la iniciativa «K’uub’ank sa’ Komonil –Cocinando en Comunidad-« dinamizada por el movimiento Komonil Tezulutlan reúne a cocineras de los pueblos mayas Q’eqchi’, Pocomchi’ y Achi’ en cuatro talleres prácticos para transferir su herencia alimentaria y evitar el consumo de comida ultraprocesada e industrial. Desde una perspectiva urbana-marginal en Quetzaltenango, el proyecto «Casa Ixmayab´» incentiva a los jóvenes mayas k’iche’ a reconectarse con su memoria culinaria local y la medicina natural mediante ferias barriales y el acondicionamiento de huertos urbanos bilingües.
México
En el sureste de México, el colectivo de Chichimilá (Yucatán) impulsa el proyecto «Inmersión al maayat’aan a través de la cocina tradicional y el solar» para establecer un espacio interactivo bilingüe donde los niños de primaria aprenden la lengua maya sembrando hortalizas en camas elevadas (ka’anche’) y conociendo el rol biocultural de las abejas meliponas nativas. En Oaxaca, la maestra Abigail Mendoza Ruiz y sus hermanas lideran la iniciativa «“LABAA XTEN GALBAYN” RAÍZ DE LA VIDA» en Teotitlán del Valle, enseñando a las nuevas generaciones a emplear de manera correcta utensilios prehispánicos como el metate y el molcajete para conservar la textura y sabor único de los maíces de colores locales. En Guerrero, el proyecto «Rescate del traspatio cultural me’phaa» promueve la conservación de cultivos de traspatio en Acatepec. En el Valle del Mezquital, cocineras tradicionales hñähñu (otomí), «Otomí: cocina tradicional», crearon cocinas tradicionales para el desarrollo de actividades de fomento y venta de su comida en Santiago de Anaya, Hidalgo. En la Sierra Tarahumara (Chihuahua), la iniciativa «Saberes y sabores de la cocina tradicional rarámuri en la Casa de la niñez indígena Rebelión del Tarahumara» enseña de forma práctica el arado tradicional de madera a niños que asisten al albergue escolar de Mogótavo, integrándolos en el cultivo de quelites de agua, maíz y calabaza de casco. El patrimonio biocultural se consolida de igual manera en Guanajuato mediante la cocinada colectiva de recetas de atoles tradicionales en lengua Chichimeca Jonaz con mujeres buscadoras, y en Veracruz a través del rescate pedagógico en idioma Tutunakú de la «Cocina tradicional de los niños voladores de los tres corazones» y «Mujeres de humo»; y la iniciativa urbana de Chiapas «“El Nopal”, cocina contra la gentrificación» (2024) que a través de un comedor comunitario beneficia directamente a 500 personas de origen Tseltal, Tsotsil y Zoque.
Panamá
En el sector 1 de la comarca Gunayala, la comunidad de Wissubwala desarrolla el proyecto «Wissubwala – Adaptación comunitaria y resiliencia alimentaria frente al cambio climático». Esta iniciativa comunitaria, liderada de manera directa por autoridades tradicionales y jóvenes portadores en lengua Dulegaya, hace frente a la sequía y la degradación del suelo mediante la implementación de bancos de semillas y viveros con tecnologías de riego ecológicas, demostrando que la mejor forma de proteger el patrimonio biocultural de la comarca es integrando la innovación científica con la profunda cosmovisión del territorio indígena.
Paraguay
En la región del Chaco paraguayo (Boquerón), el proyecto «Sabores del Chaco: un legado culinario por descubrir» (2024), liderado por Rosa López, trabaja de manera directa y activa con las comunidades indígenas Enlhet, Toba-enenlhet y la Familia Maskoy beneficiando a 700 personas. La iniciativa destaca por gestionar el patrimonio alimentario a través de la recolección silvestre de algarroba, mistol, fruto de tuna y ají del monte, generando un impacto económico directo para las mujeres recolectoras del Chaco. En Alto Paraná, el proyecto «Mujeres sembrando soberanía alimentaria» (2025) beneficia directamente a 342 personas del Municipio Dr. Raúl Peña. Esta iniciativa campesina guaraní-hablante se enfoca en la defensa de sus semillas criollas y nativas frente al avance del monocultivo de soja y maíz transgénico, produciendo mandioca, porotos, habillas y variedades nativas de maíz como el avachy, rescatando platos tradicionales como el caburé, pastel mandi’o y borí borí.
Perú
En el sector nororiental de la Amazonía, la nación Awajún implementa la propuesta «“PACHIMSA INAGKA YUTA”: Saberes Awajún para una Alimentación Comunitaria Sostenible» para fortalecer el uso culinario de insumos locales (como la yuca, el plátano, los hongos eep y los ajíes nativos). Los talleres prácticos, guiados por sabios mayores y cocineras tradicionales awajún, se desarrollan íntegramente en lengua nativa, registrando las recetas para que las futuras generaciones valoren el alimento como un ente sagrado que previene la desnutrición infantil. Por último, en la costa norte, el proyecto «Resguardando la cocina Mochica» utiliza la investigación arqueológica y culinaria comunitaria para que las nuevas generaciones retomen con orgullo los métodos de cocción milenarios de la cuenca mochica.