Ibercocinas celebra el Día Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial

El fuego de las cocinas tradicionales como motor vivo de la Convención de 2003 de la UNESCO

A través del respaldo directo a 106 proyectos en 14 países, el Fondo Iberoamericano de Cocinas para el Desarrollo Sostenible demuestra que la mejor manera de salvaguardar el patrimonio alimentario es garantizando la autonomía, la soberanía y la dignidad de las comunidades portadoras.

En el marco del Día Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, la Iniciativa Ibercocinas reafirma su compromiso con el espíritu de la Convención de la UNESCO de 2003 para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, reconociendo que los conocimientos, prácticas y tradiciones culinarias constituyen un patrimonio vivo indispensable para la identidad, la cohesión social y el desarrollo sostenible de las comunidades. A través del Fondo Iberoamericano de Cocinas para el Desarrollo Sostenible, este compromiso multilateral se traduce en un paradigma operativo que supera la mirada estática o folclórica de la gastronomía, entendiendo que la mejor manera de salvaguardar las manifestaciones culinarias es fortaleciendo de manera directa a los colectivos locales, comunidades indígenas, poblaciones afrodescendientes y grupos campesinos que las recrean cotidianamente.

Uno de los pilares fundamentales de la Convención de 2003 es el principio del protagonismo y la participación activa de las propias comunidades en la identificación y gestión de su patrimonio cultural inmaterial. En concordancia con este lineamiento, el Fondo apoya proyectos diseñados y ejecutados desde el territorio, donde las manifestaciones culinarias funcionan como infraestructuras vivas de resistencia e identidad colectiva. Un claro ejemplo de esta convergencia se observa en San Basilio de Palenque (Colombia), donde la asociación ASOPRADUSE trabaja de manera directa en la visibilización y protección de la cocina palenquera como patrimonio vivo, integrando la salvaguardia culinaria con la memoria del cimarronaje, la medicina tradicional y la dinamización económica local. De manera similar, la comunidad Ticuna de San Martín de Amacayacu, en la Amazonía colombiana, ha fortalecido el reconocimiento de sus abuelas y sabedoras ancestrales mediante la recuperación y transmisión compartida de preparaciones emblemáticas como el Noé Tarü (casabe) y el Boo Baãn (mazamorra de mojojoy), demostrando que la soberanía alimentaria es inseparable del respeto a las autoridades culturales del territorio.

Asimismo, la Convención destaca la viabilidad del patrimonio inmaterial mediante los dispositivos de transmisión intergeneracional y el fomento de las lenguas originarias como vehículos de la memoria colectiva. Frente al riesgo de interrupción de la oralidad provocado por transformaciones sociales y crisis, los proyectos respaldados por el Fondo estructuran aulas comunitarias donde las cocineras mayores educan a las nuevas generaciones. En el estado Yaracuy (Venezuela), la iniciativa Custodias de la Memoria ha puesto en marcha talleres prácticos de cocina conducidos por las propias portadoras del saber, capacitando a jóvenes como agentes multiplicadores para garantizar la continuidad intergeneracional de la tradición local. Por su parte, en Teotitlán del Valle (Oaxaca, México), la maestra cocinera tradicional Abigail Mendoza Ruiz encabeza la iniciativa “LABAA XTEN GALBAYN” Raíz de la Vida, donde la enseñanza del zapoteco de Valles Centrales se entrelaza con el uso correcto de utensilios prehispánicos como el metate y el molcajete, demostrando que la salvaguardia del patrimonio alimentario fortalece la lengua materna y dinamiza la economía de las familias artesanas locales. En Quetzaltenango (Guatemala), el proyecto Casa Ixmayab’, dinamizado por cocineras mayas k’iche’, convoca a la juventud urbana e indígena a reconectarse con su memoria gastronómica y con la medicina natural a través de recetarios, ferias barriales y huertos comunitarios, haciendo frente a la desterritorialización alimentaria.

La identificación, registro y documentación participativa promovidos por la Convención de 2003 también encuentran una expresión concreta en la labor pedagógica de los proyectos. En el corregimiento de Tribunas (Pereira, Colombia), el proyecto Sembrando y Cocinando en familia impulsado en la Escuela Comunitaria de Artes y Oficios los Orobíes desarrolló un proceso sistemático de registro audiovisual de los conocimientos de las cocineras mayores («abuelas de visita»), logrando que las familias se apropiaran de los saberes agrícolas y culinarios tradicionales para legarlos a las futuras generaciones.

Finalmente, los proyectos del Fondo reflejan la profunda dimensión ecológica de la Convención de 2003, la cual abarca los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo. En la selva amazónica de Ecuador, la nacionalidad indígena Shiwiar (Napurak) ejecuta acciones de registro histórico y recuperación de sus huertas ancestrales mediante el uso de cantos sagrados anen y mitos agrícolas que enseñan a respetar los ciclos de la naturaleza y preservar la agrobiodiversidad genética de los cultivos frente a la deforestación. En la Comarca Gunayala (Panamá), la comunidad de Wissubwala impulsa un proyecto de resiliencia climática que vincula la creación de bancos de semillas y viveros con la cosmovisión y el idioma Dulegaya, protegiendo el patrimonio cultural y espiritual del pueblo Guna. En la Región de la Araucanía (Chile), colectivos del pueblo mapuche y la cultura campesina promueven la resistencia culinaria y la sanación mediante el consumo de alimentos de estación —como los digueñes y los piñones—, rechazando la homogenización de los monocultivos e integrando la cocina ancestral como un saber vivo orientado al equilibrio y la salud comunitaria.

De esta manera, el Fondo Ibercocinas ratifica que salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial consiste en mantener encendido el fuego de la identidad, la diversidad biocultural y la dignidad comunitaria en toda Iberoamérica.